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La Coctelera

lazuazul

26 Mayo 2006

Me pareció ver una linda zarabanda

Me pareció ver una linda zarabanda

¿Pueden las imágenes bailar? Porque sé de una película que tiene nombre de danza. “Saraband”, filme sueco del 2003 dirigida por Ingmar Bergman y bautizada con nombre de danza barroca española. No es una danza que escuchemos, es una danza que se nombra.
Cine y música, imágenes y sonidos (humanamente organizados, ambos) tienen una relación simbiótica que se estableció casi desde los inicios del arte cinematográfico y que ha llegado al punto en que hoy, si se prescinde de la música, es un acto premeditado con una intencionalidad expresiva. Una posición estética que se separa voluntariamente de la concepción de cine predominante. Por ejemplo, el movimiento Dogma, cuyas obras (al menos a mí) generan una cierta ansiedad inicial a la espera de una banda sonora (pequeño refugio) que no llega.
No insistiré en las posibilidades expresivas de esta combinación ni en cómo han ido explorándose, explotándose hasta la creación de un código percibido como único a partir de la articulación de varios.
Porque esta saraband no la hemos oído, es un título mudo para un filme donde suenan otras músicas. La relación que hay es distinta a la que se establece entre una secuencia y su banda sonora por diversas razones, digo dos:
- Se relaciona con la película completa, no se entreteje como sonidos en los fotogramas de una escena determinada
- Es un nombre, una palabra que es símbolo de una pieza musical que no suena.

El camino de la palabra a los sonidos que evoca es tan vago como lo sean los conocimientos de léxico musical del espectador que acude. Seguramente cinéfilo (pues no está viendo El Zorro II), posiblemente culto (me refiero a La Cultura, con perdón) pero, músico o no, que sepa qué es una zarabanda a ciencia cierta es algo menos probable.
Sa-ra-band, separada de su significado concreto, es bella y su cierto exotismo encierra una sensualidad. Para encontrarla: repita mentalmente varias veces o, si está solo (en esta sociedad la enajenación no está bien vista, al menos su publicación) pronuncie fingiendo acentos diversos. Con el francés forma una curva que no se cierra y abre un camino de evocación sensorial. Es un bonito título para una obra, no así para un detergente aunque válido para un perfume.
Bergman seguro ejercitó la enajenación privada y encuentra algo especial en sa-ra-band, pero el bautismo proviene de un paralelismo entre cómo ha construido la narración y la danza. La homología no es rígida, una vez más se trata de lo que la saraband le sugiere al director y como éste lo usa, aplica a lo que desea contar.

Llegados a este punto, invito al aburrido lector a que deje de repetirse la palabra y atienda al texto. Enseguida acabo.

La danza originaria era para dos, sensual hasta el punto en que fue censurada en su época. Se ve que España no estaba preparada para tal proximidad. La película se desgrana en una serie de diálogos entre dos personajes, donde la proximidad emocional, sentimental roza la desnudez. Baile como diálogo.
Quizá cuando pensaba en zarabanda, era más bien una sarabande como parte de una suite de danzas (defecto profesional, imagino las de cello solo de Bach), que en las interpretaciones estándar queda domesticada con un tempo que invita más a la introspección que a agarrar a tu pareja (o al que se deje) y moverte. La estructura del filme sí se asemeja a un pack de danzas a dos, con prólogo (llamémosle preludio) incluido. Saraband como metonimia de suite.

Las razones de Bergman, si la concepción estructural del filme proviene de la idea musical o fue después o durante cuando lo decidió, lo que a él le diga su título preocupa a estudiosos del cine y a quién redacte sus memorias recientes. Porque ese título genera unas expectativas y condiciona las lecturas, interpretaciones que se hacen a posteriori.
Hablaremos de este filme con vocabulario musical y los críticos pelearán por hacer la sinestesia más pedante y rebuscada. Saraband invita a ello, a pensarla como música aún sin haberla visto, aunque en ella no la hubiera.

He hecho trampas, porque he ocultado (primero por ignorancia, después con alevosía) que hay una sarabande que sí suena en la película… varias veces. Además es un elemento con gran carga semántica y cuyas reapariciones sirven de articulación sintáctica como sonidos en el filme. El estar señalada ya desde el título aún la hará más presente, más evidente su importancia.
Lo siento, pero es que quería hablar de cómo una palabra que alude a una música tiñe de sonidos imaginarios la recepción de una secuencia de imágenes al nominarlas, y luego acudimos a la jerga de las músicas para hablar sobre ellas.
Esto pretende ser una primera mitad (espero que no se quede en cuarto…) de una reflexión, pues creo que queda coja sin un estudio de la sarabanda en la banda sonora. Posiblemente harán que replantee desde otra perspectiva ideas que he expuesto. De todos modos iba a verla (agotadas las entradas para Torrente 3).
Ahora sí, podéis continuar sa-ra-band…

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Este pretende ser un rinconcito donde volcar ideas, gritos y propuestas, algunas relacionadas con la música. Otras no. De momento hay algún escrito sobre música contemporánea, antigua y cine. Ojalá también sea un punto de encuentro e intercambio con otros musicófilos, cinéfilos y el resto de la fauna diletante. Invitados estáis a enviar cualquier cosa…que colgaré lo que me dé la gana. Iré nutriendo la agenda de actos, beatificaciones y otros eventos de dudosa piedad que ocurran en Barcelona. Siempre con nulas habilidades informáticas y la mejor de las intenciones. Sin otro menester y hasta otro día.

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